El desagradecido

En la entrega de los Oscar de ese año, “El silencio”, una película independiente, fue la gran vencedora de la noche. La cinta se llevó cuatro premios: mejor montaje, mejor guion, mejor director y mejor película. De ésa manera, Jasper Triznack, el joven director y guionista de la cinta, con apenas veintiocho años, selló con su debut su pase definitivo a Hollywood. La película contaba la historia real de Trevor Robertson, un asesino en serie mudo que había causado el pánico durante una década matando a jóvenes cantantes de bar. La película había sido muy elogiada por la critica desde su estreno, y en taquilla no le había ido nada mal. Sus puntos fuertes eran la construcción psicológica del personaje y un pulso narrativo muy firme, que mantenía en constante tensión al espectador. Como ganador de dos premios de la academia, Jasper subió en dos ocasiones al escenario para recoger su estatuilla y dedicar el premio a quién creyó oportuno. Cuando subió a recoger el premio al mejor guion, Jasper se lo dedicó a su novia, Lillan, “su faro y su compañera”, a sus padres, “que creyeron en él cuando ni él mismo creía”, a Billy Francis, “su amigo y profesor de guion, su maestro”, y a su productor, Ryan Dismert, “por su maravilloso dinero”. Este último comentario provocó las risas y aplausos con las que Jasper se despidió del escenario. Al subir a recoger su premio al mejor director, Jasper sacó un pequeño papel de su bolsillo y se dirigió a los asistentes con gesto muy serio. “Me gustaría dedicar este premio a Milla Grissman, Lucy Morenson, Anna Dasnet, Julia Stratson, Gloria Moreno, Rachel Farris, Susanne Martins, Olga Tranned, y María Santos. Estéis donde estéis, esto es para vosotras.” Jasper levantó su Oscar en alto, apuntando al cielo, y se quedó unos segundos en el escenario, recibiendo los aplausos de toda la industria.

Justo en ése momento, al otro lado del país, Trevor Robertson escuchaba ésos aplausos desde su celda. Trevor sentía tanta rabia que por poco revienta la radio a puñetazos. Jasper no le había nombrado ni una sola vez. Era un cabrón. Un maldito desagradecido. Al fin y al cabo, pensó Trevor, si yo no hubiera hecho lo que hice, él no tendría su maldita película.

Un texto de Carlos Rubio Recio

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Acerca de Carlos Rubio Recio
Nací en Móstoles en 1985, aunque he vivido toda mi vida en Alcorcón, Madrid. Mis primeros años de estudio los hice en un colegio de monjas, después pasé a uno de curas, al que también iba mi hermano mayor, y finalmente terminé el bachillerato en un instituto laico. Desde que recuerdo, el cine y la literatura siempre han estado ahí, acompañando mis pasos. Terminado el Bachillerato entré a estudiar Filosofía en la Universidad Complutense, y al 2º año de carrera me matriculé en la Escuela de Cine de Alcorcón. Como suele pasar en estos casos, en la escuela hice grandes amigos con los que además, poder realizar proyectos. Uno de esos amigos es Daniel Andrés Pedrosa, con el que he colaborado en muchas ocasiones desde entonces, y con el que muy probablemente seguiré trabajando en el futuro. Después de la escuela de cine, entré a estudiar guión con Elisa Puerto en “La Piscifactoría”, y ahí sigo, ya voy por mi segundo año.

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