Tarantino: Una biografía para entender su filmografía

Quentin Jerome Tarantino nació en Knoxville, Tennessee, el 27 de marzo de 1963. Su madre, Connie Tarantino, estudiante de enfermería de 16 años, fan de los cómics de superhéroes y de Elvis, fue al hospital sola. El padre, Tony Tarantino, un actor con el que se casó a los quince años, había desaparecido de su vida mucho antes de saber que estaba embarazada. Y la relación de Connie con su familia, sobre todo con su madre, una mujer alcohólica, no era nada buena, así que no es de extrañar que la joven afrontara sola su maternidad.

Al poco tiempo de dar a luz, Connie volvió a la rutina de los turnos dobles del hospital y las clases. Incapaz de cuidar a su hijo debido a las extenuantes jornadas laborales a las que se veía sometida para poder llegar a “fin de mes”, el pequeño Tarantino pasó su primer año de vida bajo los cuidados de una niñera.

En 1965, Connie, ya como enfermera diplomada, y su hijo, se mudan a Los Ángeles, donde ella ha conocido a Curtis Arnold Zastoupil, un músico que ejercerá de padre durante la infancia de Quentin, llegando incluso a darle sus apellidos. Durante los primeros años de vida de Quentin Tarantino, su madre, desmarcándose de la educación tradicional, acostumbra a leerle a su hijo cuentos que poco o nada tienen de infantil; historias como “Moby Dick”, “La isla del tesoro” o “Los viajes de Gulliver”, van poblando muy pronto la fantasía del futuro director. Así mismo, esta línea de pensamiento también se mantiene en las primeras películas que ve Quentin, el cual, con 6 o 7 años, y siempre acompañado de un adulto, visiona títulos como “Conocimiento carnal”, “Grupo salvaje” o “Deliverance”, en la que dos de los protagonistas son maniatados por los lugareños, y uno es obligado a ver como sodomizan al otro. Si a esto le sumamos la constante presencia de todo tipo de música en el hogar de Quentin, su pasión por la literatura y por cómo se construyen las historias, la sombra del Tarantino adulto va perfilándose con más nitidez en el horizonte.

Quentin Tarantino pronto destacó en la escuela por su hiperactividad y sus malos resultados académicos. Como suele pasar en las escuelas de Estados Unidos cuando tienen a un niño hiperactivo, los profesores le recomendaron a Connie que contactará con un médico para que le suministrase a Quentin calmantes. Connie se negó en rotundo. Poco tiempo después, Tarantino, al ser sometido a un test para evaluar su coeficiente intelectual, obtuvo una puntuación de 160. Como le pasa a muchos superdotados, Tarantino fue un estudiante desastroso que solo logró destacar en Historia y en Literatura. La escuela tampoco ayudó a que Quentin ampliará considerablemente su circulo de amigos, por otro lado, más que reducido, ya que Quentin prefería la compañía de adultos, o pasarse la tarde leyendo cómics, jugando con sus muñecos o viendo en la televisión uno de sus programas favoritos; “Clutch Cargo”, una serie de dibujos animados. La misma serie que esta viendo el joven Butch en “Pulp fiction” cuando entra el amigo de su padre a traerle el reloj.

A la edad de nueve años Quentin debió hacer frente a la separación de sus padres, y más tarde, es el propio Quentin el que se ve obligado a separarse temporalmente de su madre, que tras continuos dolores estomacales y someterse a unas pruebas, fue diagnosticada de la enfermedad de “Hodgkin” y vio como su esperanza de vida era cifrada en términos de meses. Los médicos le recomendaron a Connie que lo mejor que podía hacer era someterse a un tratamiento que se prometía largo y doloroso, con lo que a Connie no le quedó más remedio que dejar el cuidado de su hijo en manos de su madre, que vivía en un campamento de caravanas. Decisión de la que se arrepentiría más tarde, ya que su madre, aparte de estar metida en asuntos tan turbios como la fabricación ilegal de alcoholes destilados en casa, solía emborracharse y pegar a su nieto cada vez con más frecuencia. Meses después del primer diagnostico, Connie exigió la revisión de sus muestras de sangre. El resultado fue tranquilizador. El diagnosticó había sido erróneo. Poco después Quentin volvió con su madre.

Durante su adolescencia Quentin Tarantino se mudó con su madre a una elegante casa de alquiler a las afueras de Torrance. La presencia de una piscina en el jardín ayudó en gran medida a mejorar las relaciones de Quentin con sus compañeros de escuela. Por lo demás, la vida de Tarantino parecía no variar demasiado; Seguía siendo un mal estudiante y aprovechaba cualquier ocasión para escaparse al cine a ver todo tipo de películas. Connie comprendió que la escuela no era para su hijo, y Tarantino dejó los estudios a los 15 años. Por esta época descubrió “Carrie”, de Brian de Palma, a la postre uno de sus directores favoritos, y decidió que quería ser actor, llegando a interpretar varios papeles protagonistas en un taller de teatro.

A los 16 años Quentin Tarantino aparentaba más edad, y quizá por eso consiguió un trabajo de acomodador en un cine porno. Lo que le llevó a tener que lidiar con un tipo de espectador muy distinto al de las películas comerciales, y mucho más predispuesto a la pelea. Por esa época Tarantino afrontaba la escritura de su primer guion de largometraje, “Captain Peachfuzz and the Anchovy” y seguía con su formación como actor, cambiando el taller de teatro por algo un poco más profesional en la escuela de actores de James Best, donde conoció a Rich Turner y a Craig Hamann, con los que compartía su afición por la música y el cine, y a los que les recomendaba con entusiasmo películas como “Vivir sin aliento” o las del subgénero del blaxpoitation. Los tres congeniaron de inmediato. En esta escuela también conoció a Brenda Hillhouse, que en el futuro tendría un papel en “Pulp Fiction”.

1981 es un año importante, lleno de cambios para Tarantino. En 1981 Tarantino se independiza de casa de su madre y se muda a un pequeño piso en Harbor City, muy cerca, demasiado, del aeropuerto de los Ángeles. De las primeras cosas que compra para decorar su apartamento; un teléfono y un video. Ése mismo año, Quentin deja la escuela de teatro y se busca un trabajo “serio”, caza talentos para una compañía aeroespacial, trabajo bien remunerado que no tarda en abandonar por otro que le da mucho menos dinero, pero que le hace infinitamente más feliz, y que mantendrá durante los próximos cinco años, dependiente del videoclub “video Archives”. Tarantino llevaba meses acudiendo con fervor casi religioso al videoclub, ansiaba ver el mayor número de películas posibles, necesitaba formarse, y había decidido que ésa iba a ser su escuela. Era un autodidacta redomado. A fuerza de ir todos los días al videoclub, hizo amistad con uno de los dependientes, Roger Avary, que competía con él en conocimientos cinematográficos. Cuando uno de los dependientes se marchó, Avary habló con los propietarios para que contrataran a Tarantino. La jugada les salió redonda. Difícilmente habrían podido encontrar a un empleado tan cualificado y entregado. Tarantino exprimió al máximo la oportunidad de ver todas las películas que quisiera, además, complementó su formación “en video” asistiendo a varias retrospectivas de directores famosos que se proyectaban en algunos cines de Los Ángeles. En una de estas sesiones conoció el cine de Jean-Luc-Godard. Durante esta época en el videoclub, era habitual ver a Tarantino enfrascado en discusiones alrededor del cine, canciones de Madonna o sobre la conveniencia de dejar propina en los restaurantes…

Pero la vida de dependiente no podía durar siempre, Tarantino necesitaba probarse a si mismo. Tenía que intentar dirigir su propia película, dejar de ser un mero espectador. Según Cathryn Jaymes, una manager de Hollywood que Tarantino había conocido a través de Hamann, los únicos caminos posibles para que dos jóvenes como ellos pudieran entrar en Hollywood eran los siguientes: montar sus propias películas de bajo presupuesto y/o escribir al menos tres guiones potentes. Tarantino lo iba a intentar de las dos formas. En 1984 Cathryn pasó a ser la manager de Tarantino. Ella no cobraría nada hasta que él lo hiciera. El primer proyecto de Tarantino como director sería “My best Friend´s Birthday”, basado en una idea de Hamman. Tras varias reescrituras, los dos amigos se pusieron a buscar dinero para rodar la película en 16 mm y en blanco y negro. Tres años después, tras haberse gastado unos 5.000 dólares, haber pedido muchos favores, y haber implicado en el proyecto a sus amigos, entre ellos Roger Avary, Tarantino ni siquiera pudo ver terminada su película porque se perdieron dos rollos. Sin embargo, en ése proyecto inacabado y a todas luces amateur, ya había algunos de los elementos del universo de Tarantino. Los trajes negros, las conversaciones sobre Elvis, la presencia de personajes marginales, como putas, chulos y camellos…y algún que otro destello de buen director. Si bien el proyecto no salió como esperaban, a Tarantino le valió para foguearse en la dirección, y lejos de rendirse, le dio ánimos para intentar entrar en el mundo del cine con más fuerzas todavía.

Después del fracaso de “Birthday”, Cathryn Jaymes, su agente, le recomendó a Tarantino que centrara todos sus esfuerzos en escribir un guión de largometraje lo suficientemente interesante como para interesar a alguien en Hollywood. El primer guión que Tarantino escribió fue “Amor a quemarropa”. Roger Avary le ayudó con el primer borrador. Como suele ser habitual en las obras de escritores noveles, Tarantino tiró de experiencias propias para la redacción del guión: Quentin recrea en la película las humillantes sesiones de casting a las que se vio sometido durante su etapa como actor a través del personaje de Dick, el compañero de Clarence. El trabajo que tiene Clarence en una tienda de cómics es muy similar al que tenía él en el videoclub. La historia de los sicilianos que cuenta el padre de Clarence cuando esta a punto de morir, es una historia que le contó a Tarantino el hermano de un amigo afroamericano que tenía su madre. Los gustos de Clarence por las películas de artes marciales, son los de Tarantino, y sobre todo, la presencia obsesiva de Elvis en la película, se debe tanto a la devoción de su madre como a la suya por el cantante. Cuando Cathryn leyó el guión se quedó impresionada. La representante pensó que no costaría mucho vender el guión, pero se equivocaba. La respuesta de los grandes estudios no pudo ser más negativa. A todos les parecía despreciable y extremadamente violento. Muy pocos de los que leyeron el guión supieron ver su calidad. Uno de ellos fue Stanley Margolis, productor y manager británico. Margolis intentó mover el guión entre sus contactos, pero la reacción fue la misma. A nadie parecía interesarle la historia. Mientras tanto, Tarantino decidió dejar su trabajo en el videoclub y mudarse a Hollywood.

En 1989, tras haber pasado 8 días en la cárcel de Los Ángeles por el impago de unas multas de trafico, Tarantino empieza a desarrollar la idea de su próximo guión, “Asesinos natos”, la historia de dos asesinos en serie que recorren el país matando a todo el que se les pone por delante. Poco después, Tarantino conseguiría su primer papel “relevante” como extra en un capitulo de las chicas de oro, curiosamente, haciendo de un imitador de Elvis. También por estas fechas consiguió su primer encargo como guionista, dar forma a una historia de ladrones y vampiros que años más tarde se convertiría en “Abierto hasta el amanecer”. Con el guión de “Asesinos natos” terminado, Tarantino lo movió por productoras y entre sus contactos. Si bien el guión interesó a más de uno, resultaron no ser las personas adecuadas para levantar el proyecto. Su segundo guión se encontraba igual que el primero, en busca de financiación.

* Aparición de Tarantino en el minuto 5´28´´

Un año después de escribir “Asesinos natos”, Tarantino está en plena crisis existencial, llega a plantearse si realmente va a ser capaz de lograr su sueño. Trabaja en algo que no le llena en absoluto, vendedor telefónico, y además no tiene dinero. La cosa se estaba poniendo fea cuando un amigo le presentó a Scott Spiegel. Los dos conectaron enseguida. Iban juntos a tomar cerveza y a los espectáculos nocturnos de la ciudad. A raíz de la amistad que entabla con Spiegel, éste invita a Quentin a una fiesta con barbacoa que ha organizado en su casa. Tarantino acude a la cita con la esperanza de hacer contactos que le puedan servir en el futuro. Que le puedan ayudar a “entrar”. Durante la fiesta Tarantino habla con Lawrence Bender, un joven productor que había producido “Intruder”, la primera película como director de Spiegel. Ese encuentro, visto con distancia y sabiendo el desenlace, es para cualquier cinéfilo un momento clave del cine moderno, el verdadero pistoletazo de salida a la carrera de Tarantino y el comienzo de una fructífera colaboración. Aunque eso ellos, por supuesto, todavía no lo sabían. De hecho Bender estaba en horas bajas y estaba apunto de retirarse del cine. Durante la conversación que mantuvo Tarantino con él, Quentin le comentó que tenía una idea para un guión sobre unos atracadores a los que el golpe les sale mal. Bender le animó a que escribiera el guión, y así quedó la cosa.

Al día siguiente, Tarantino localizó una copia de “Intruder” y visionó la película una y otra vez para intentar hacerse una idea del tipo de película que le podría interesar a Bender. Tarantino tenía muy claro que quería dirigir la película, y sabía que para ello tenía que escribir algo asequible, de presupuesto muy modesto, solo así le darían la oportunidad de ser el director. Con estas premisas y la historia de un robo frustrado, Quentin empezó a redactar el guión de “Reservoir Dogs”. A Tarantino le llevó tres semanas escribir el guión. Durante ese tiempo apenas hizo otra cosa que no fuera escribir. Se sentía inspirado. Nada más terminar el guión llamó a Lawrence Bender. A Bender le pareció lo mejor que había leído en su vida. Tarantino estaba lanzado, quería rodarlo en plan guerrilla, estaba deseoso por volver a dirigir y entendía que tenía el proyecto perfecto para ello, y como no quería que le pasará como con “Amor a quemarropa” y “Asesinos natos”, que todavía estaban en el limbo de las productoras, pensó que la mejor manera de afrontar la realización de Reservoir dogs era tratándola como una película de ínfimo presupuesto. En cambio Lawrence pensaba que con ese guión podría conseguir financiación para rodar la película cómo se merecía. Tarantino, muy impaciente por ponerse tras las cámaras, le dio a Bender un plazo irrisorio, dos meses, para encontrar financiación para su guión. Tarantino estaba desesperado. No le quedaba dinero y todavía no había visto un centavo por sus guiones, así que no le quedó otra que volver a vivir con su madre hasta que las cosas mejoraran. Y en efecto, las cosas no tardaron en mejorar; Stanley Margolis, que seguía moviendo el guión de “Amor a quemarropa” por todos lados, consiguió que un director primero, Lustig, y una productora después, Cinetel, se interesaran por el proyecto. Y de paso Tarantino recibió el encargo de la productora para revisar el guión de una película que iban a emitir por cable. Por fin vería algo de dinero… Más tarde, con la entrada de Tony Scott en escena, el proyecto de “Amor a quemarropa” no tardó en coger cuerpo. Tarantino cobró por el guión el mínimo estipulado por el gremio de guionistas, 50.000 dólares.

En 1990, Monte Hellman, director curtido en mil rodajes de bajo presupuesto y habitual de las producciones de Roger Corman, lee el guión de Reservoir dogs y se interesa por el proyecto para dirigirlo. Hellman y Tarantino concretan una cita de la que se sacan dos conclusiones: La primera no es muy positiva para Hellman, Tarantino quiere dirigir la película cueste lo que cueste. Se niega a ceder la batuta. La segunda conclusión es que Hellman es bienvenido al proyecto en calidad de posible productor ejecutivo. Aclarados los puntos, Tarantino, Bender y Hellman firmaron un acuerdo que les hacia socios a partes iguales. Hellman empezó a llamar a todos sus contactos, uno de esos contactos, Richard N. Gladstein, de Live Entertaiment, se mostró interesado en el guión. En la reunión que mantuvieron con Gladstein, el productor le enseño a Tarantino una lista con diez actores y le dijo: Si cuentas con uno de ellos, te adelanto un millón trescientos mil. Con dos, te doy dos millones de dólares. Uno de esos actores era Harvey Keitel. Por suerte, a él le encantó el guión, y más tarde fue una pieza clave a la hora de completar el reparto, Buscemi, Roth, Madsen… y sacar el proyecto adelante. Tanto fue así, que le nombraron productor de la película.

El rodaje de “Reservoir dogs” estuvo marcado por el intenso calor y la enorme entrega de Tarantino y el resto del equipo para sacar adelante la película. Todos cobraron menos de lo habitual, sabían lo precario del presupuesto, pero el guión y la confianza en el proyecto les mantuvo unidos. Sabían que estaban participando en algo realmente especial. Los comentarios del equipo técnico y de los propios actores sobre el proyecto y Tarantino, contribuyó a que la película fuera esperada con cierta expectación por gente del mundillo.

“Reservoir dogs” fue un éxito rotundo. Sobre todo fuera de Estados Unidos, y más concretamente en Inglaterra. Fue a Sundance, a Cannes, a Sitges, y a infinidad de festivales más. Tarantino se pasó todo el año recorriendo el mundo, experiencia que aprovecharía para sus próximas películas, como en el dialogo sobre la “Róyale con queso” de “Pulp Fiction”. “Reservoir dogs” Se convirtió en la película del año, la película de moda, la gente se sabía sus dialogos de memoria, la banda sonora se vendió sola, pronto el estilo de la película, la manera de vestir de los personajes, fue imitado hasta la saciedad en otras películas, de la noche a la mañana el traje negro y la corbata fina pareció convertirse en el uniforme oficial de cualquier matón de película. A Tarantino se lo rifaban. Le llovían guiones, los actores querían trabajar con él, había conseguido su sueño. Tarantino se había convertido en Tarantino.

* Para la elaboración de esta  biografía me he leído el libro “Quentin Tarantino a bocajarro”, de Wensley Clarkson.  Editorial: punto de lectura.

 

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Acerca de Carlos Rubio Recio
Nací en Móstoles en 1985, aunque he vivido toda mi vida en Alcorcón, Madrid. Mis primeros años de estudio los hice en un colegio de monjas, después pasé a uno de curas, al que también iba mi hermano mayor, y finalmente terminé el bachillerato en un instituto laico. Desde que recuerdo, el cine y la literatura siempre han estado ahí, acompañando mis pasos. Terminado el Bachillerato entré a estudiar Filosofía en la Universidad Complutense, y al 2º año de carrera me matriculé en la Escuela de Cine de Alcorcón. Como suele pasar en estos casos, en la escuela hice grandes amigos con los que además, poder realizar proyectos. Uno de esos amigos es Daniel Andrés Pedrosa, con el que he colaborado en muchas ocasiones desde entonces, y con el que muy probablemente seguiré trabajando en el futuro. Después de la escuela de cine, entré a estudiar guión con Elisa Puerto en “La Piscifactoría”, y ahí sigo, ya voy por mi segundo año.

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