Jackie Brown

* Atención: Este analisis de la pelicula es un spolier en sí mismo. Es preferible leerlo después de haber visto la película. Quedais avisados…

 

 

Jackie Brown es una rareza dentro de la filmografía de Tarantino por diversos motivos. Por ejemplo, la idea del guión no sale de su mente, sino que se trata de la adaptación de un libro de Elmore Leonard, Rum Punch, escrito en 1995. Leonard es uno de los autores favoritos de Tarantino, que reconoce su admiración por la calidad de sus diálogos. Otra de las razones que convierte a Jackie Brown en una rareza, es el aparente cambio de forma de la película con respecto a sus anteriores filmes, y también con los posteriores. Tanto el guión como la realización de la película, pese a ser de una calidad exquisita, se perciben muy diferentes a lo que Tarantino nos había acostumbrado en sus anteriores películas. En Jackie Brown, tanto la realización como la historia se vuelven mucho más reflexivas, más introspectivas, en esta película Tarantino demuestra una madurez tras las cámaras propia de Clint Eastwood en su última etapa.

Jackie Brown es, ante todo, un sincero homenaje de Tarantino a la Blaxploitation de los años setenta, con filmes como “Las noches rojas de Harlem”, “Drácula negro”, o “Coffy”, y es por ello que su protagonista no podía ser otra que Pam Grier, una de las musas de ésa época.

La película es una especie de película de cine negro crepuscular. Aquí los personajes, por lo general, no son jóvenes, no tienen toda la vida por delante, no pueden permitirse errores, la mayoría ya acarrea demasiados, es una película sobre personajes en declive, vencidos, sin posibilidad de volver atrás, con sus decisiones equivocadas a cuestas. Pam Grier es perfecta para el papel porque su cara esta llena de vivencias, de personalidad, tiene una historia detrás. Al igual que Robert Foster, que está magnifico en su papel, o Robert De Niro, que interpreta a un ex presidiario cuya última salida de la cárcel ha dejado algo tocado y transita por la historia como una presencia extraña que no llega a estar nunca en el lugar donde esta. Siempre parece tener la mente en otra parte. Aquí los personajes son más tristes, y los malos, más temibles si cabe que en los anteriores filmes del director. Ordell, el traficante de armas interpretado por Samuel L. Jackson, es un asesino amargo, sus acciones, sus asesinatos, no hacen gracia, no provocan sonrisas, son acciones amargas, a traición, para sobrevivir.

El inicio de la película recuerda al plano inicial de “El Graduado”, de Mike Nichols, en el plano vemos a Jackie, vestida de azafata, flotando hacia la izquierda por efecto de la cinta transportadora. Leyendo entre líneas, también se puede interpretar como una alegoría del regreso de Pam Grier al cine que la hizo famosa.

Tras la presentación del personaje de Jackie, vamos a la casa de Ordell, que está viendo con Louis un catalogo en video de armas de fuego de marcado estilo machista. Ordell hace gala de sus conocimientos sobre armas, pero Louis no parece muy interesado en el tema. Tumbada a su lado esta Melanie, una de las novias de Ordell. Una chica joven y atractiva que vive acomodada y sin hacer nada salvo drogarse, ver la tele e ir a la playa, gracias a Ordell, que es el que la mantiene.

Creo que es a partir de esta película, y más específicamente a partir de un plano de los píes de Bridget Fonda, cuando Tarantino empieza a cultivar su conocido fetichismo por los píes en sus películas, convirtiéndolo en algo habitual a partir de Jackie Brown.

En esta secuencia vemos que la relación entre Ordell y su novia no es nada buena. A él le gusta dejar claro quién es el macho, quién es el que manda, y a ella le gusta cuestionar todo lo que hace Ordell. Mal arreglo. Y por si fuera poco, durante toda la secuencia, Melanie no deja de coquetear con Louis. Llaman a Ordell por teléfono. Han pillado a uno de los chicos que trabajan para él, Beaumont. Ordell se ofrece a pagar la fianza.

Ordell va a un fiador para arreglar la fianza de 10.000 de su “amigo”. El fiador, Max, interpretado por Robert Foster, demuestra que no se chupa el dedo y que conoce su trabajo cuando Ordell intenta escatimarle información sobre el detenido. Max, un hombre cercano a los cincuenta, da la sensación de ser muy profesional, y de usar esa profesionalidad para que no le afecte lo que ve a diario, que es mucha mierda, debido a su trabajo.

Una vez liberado Beumont, Ordell se reúne con él por la noche, y le pide que le ayude en un trabajo; Ordell va a reunirse con unos orientales, y le pide al chico que se esconda en el maletero con una escopeta, por si la cosa se pone fea. A regañadientes, el chico acepta la petición a cambio de una invitación a comer en su restaurante favorito, de nuevo, la importancia de la comida para Tarantino, y se mete en el maletero. A continuación, en una de las mejores secuencias de la película, vemos como Ordell se sube al coche, pone una casete, se enfunda unos guantes, carga una pistola, y arranca el coche. Vemos en plano general como el coche de Ordell se aleja calle abajo y la música pierde presencia, pero pronto la música vuelve a escena, y es que lo único que ha hecho Ordell es dar la vuelta a calle y aparcar en un aparcamiento oscuro y poco transitado. Ya sabemos lo que va a pasar. Ordell se baja del coche, abre el maletero, y a sangre fría, mata al chico. En esta ocasión, Tarantino no se recrea en el asesinato, o si lo hace, lo hace de otra forma, no explota su vertiente más morbosa, no divierte con la violencia, sino que muestra el asesinato de una forma elegante, fría, y distanciada. Desprovista de todo glamour y de todo honor o motivaciones más “loables”. No, Ordell ha matado al chico por una mera cuestión de supervivencia, nada más, para evitar que Beumont se vaya de la lengua y testifique contra él para conseguir un trato de favor.

Tras semejante secuencia, pasamos a la casa de Louis, que está con una prostituta que imita a “Las Supremes”. Louis observa el espectáculo con semblante inexpresivo, el paso por la cárcel le ha robado algo de su humanidad, se ha quedado con algo del viejo, o mejor dicho, del joven Louis. Parece que va a rebufo de la vida. La creación de personaje de Robert de Niro es soberbia, el tipo de interpretación que lleva a cabo en la película es muy compleja, muy difícil, y él lo borda. Es interesante como el balanceo de Louis en el sillón, alude de una manera simbólica a la masturbación.

Ordell va a casa de Louis, con el cadáver todavía en el maletero, y le pide su colaboración para hacer una entrega. Ordell piensa que Louis sigue siendo el tío eficiente que antaño fue, por eso confía en él. Louis acepta.

En la siguiente escena vemos como dos policías; Ray, interpretado por Michael Kiton, y Mark, interpretado por Michael Bowen, detienen a Jackie e inspeccionan su bolso. Encuentran 50.000 dólares sin declarar.

Ya en la comisaría, los policías aprietan a Jackie para que les diga quién le dio el dinero. La manera de encarar esta secuencia recuerda al primer plano mantenido de Butch mientras Marsellus le explica lo que debe hacer en el combate, pero en este plano, hay que contar con que la presencia de Pam Grier no es la misma presencia que la de Willis. Si bien es cierto que Willis aguanta el plano con su mirada de tipo duro incorruptible, a Pam hay que reconocerle tener una cara con mucha más historia. Mientras le leen sus antecedentes, siempre estás viendo su cara analizando la situación, pensando, casi puedes ver en un rostro, en las marcas de la cara por todo lo que ha pasado hasta llegar ahí, y hay que reconocerla a Tarantino el mérito de haber sabido ver eso, y haberlo aprovechado al máximo. Los policías le notifican a Jackie la muerte de Beumont para ver cómo reacciona Jackie, pero ella sigue incorruptible. Claro que la cosa cambia cuando le encuentran una bolsa con cocaína en el bolso. Bolsa cuya existencia Jackie desconocía.

Tras una elipsis, contemplamos las consecuencias que le acarrea a la protagonista la bolsa, pasar por la cárcel de mujeres, de nuevo, homenaje de rendido fan por parte de Tarantino a las películas sobre cárceles de mujeres, y en el que Pam Grier destacó en una película.

En el juzgado, a Jackie le piden una fianza de 10.000 dólares, la misma que pidieron por Beumont. Vemos que en el juzgado está Ordell. Intuimos lo que piensa hacer a continuación…

Efectivamente, Ordell va a ver a Max, el fiador, y echándole mucha cara, le dice que como el problema con Beumont se ha resuelto “solo”, que utilice esos 10.000 para sacar de la cárcel a Jackie. Max, que no es tonto, deduce toda la operación y entiende que Ordell utiliza a Jackie para que le traiga dinero.

Cuando el fiador va a sacar a Jackie de la cárcel, se enamora de ella nada más verla. Aquí asistimos al típico momento cinematográfico de “ amor a primera vista”, que creo yo que tiene algo de paródico.

Jackie acepta la invitación de Max de llevarla a tomar algo y luego acercarla a casa. En ésta secuencia dentro del coche, asistimos a un recital de buenos diálogos, secos, sobrios, precisos, y al más puro estilo cine negro. Jackie descubre una pistola en la guantera del coche de Max.

Ya en el bar, Jackie y Max siguen con la conversación. Max aconseja a Jackie, es evidente que quiere protegerla. Jackie se da cuenta de lo que siente Max. No es nada tonta. Jackie intuye que puede correr la misma suerte que Beumont.

Cuando Max la deja en casa, Ordell la está esperando frente a su casa. Ordell se pone los guantes y coge su pistola. Va a matarla.

A continuación asistimos a una de las escenas más logradas de la película, sobre todo por la cuidada puesta en escena. Ordell habla con Jackie, se muestra amenazador pero contenido, antes de matarla quiere saber si Jackie ha dicho algo sobre él, qué es lo que sabe. Jackie, que sabe que Ordell va a intentar matarla, se muestra tan inmutable como siempre. Nunca pierde la calma. Se produce un juego, un duelo encubierto entre Ordell y Jackie a través de una lámpara. Ordell apaga la lámpara para quedarse a oscuras y poder matar a Jackie. Ella, que ha visto la jugada, enciende la luz como si nada. Ordell, ya decidido a matar a Jackie, apaga la luz y nos deja a oscuras. Es entonces cuando se acerca más a Jackie y empieza a apretarle el cuello. En ése momento, Tarantino emula a su querido Brian de Palma, y parte la pantalla en dos para mostrar dos acciones independientes, en la pantalla emergente vemos a Max consternado al no encontrar la pistola en la guantera. El paradero de la pistola es evidente, las manos de Jackie. La buena mujer apunta a Ordell a los testículos como media disuasoria. Este se rinde y entrega su pistola a Jackie, que sigue con la conversación sin inmutarse y enciende la luz, como símbolo de victoria. El hecho de que haya intentado matarla no parece importar demasiado. He aquí de nuevo la sensación de fatalidad que flota en la película, tan propia del cine negro y el western crepusculares.

Jackie le ofrece un trato a Ordell. Viene a ser el siguiente; Si va a la cárcel ella no hablará, pero él tendrá que pagarle 100. 000 dólares por cada año que pase entre rejas. Ordell acepta.

A la mañana siguiente, Max se pasa por casa de Jakie para recoger su pistola. En esta secuencia los dos personajes hablan de cómo se sienten al envejecer. Algo que destaca mucho de la película, es el cuidado tratamiento de los personajes, de su psicología, quizá de los más elaborados en la filmografía de Tarantino. El más distinto, también, ya que sus otras películas requieren un desarrollo de personajes distinto, menos exigente. Ésta, es sobre todo, una película de personajes y diálogos. Las reflexiones sobre la vejez se ven potenciadas por la preferencia de los dos personajes por los vinilos en la época del CD, en una clara referencia a que su época ya ha pasado. La música que suena durante esta conversación, y que sonará varias veces más durante la película, reformulando su significado cada vez, es “Didn´t I (Blow Your Mind This Time), de “The Delfonics”.

Jackie vuelve a la comisaría dispuesta a colaborar. Tarantino, como guionista, muestra el cambio en la actitud de Jackie, y por consiguiente de los policías de una manera tan sencilla como efectiva: La primera vez que Jackie está en el despacho de los policías, cuando se niega a colaborar, uno de ellos no la deja fumar. En cambio, la segunda vez, cuando Jackie pide permiso para fumar, el mismo policía que se lo negó, le da permiso encantado. A cambio de ayudar a la policía Jackie quiere permiso para salir del país y seguir trabajando de azafata.

Dejamos a Jackie y volvemos a la casa de Ordell. Melanie, Louis y Ordell están en el salón. Melanie, que sigue seduciendo a Louis, le ofrece droga. Al fumarla, no puede evitar toser. “Me hago viejo”, dice Louis.

Ordell se va y deja solos a Melanie y Louis. Tras una conversación trivial, Melanie le pregunta a Louis de la manera más llana y carente de pasión imaginable, si quiere follar. Louis dice que sí como si le hubieran ofrecido un caramelo. Aquí aprovecha Tarantino para meter uno de los pocos momentos de comedia pura de la película. Tarantino, casi parodiándose a si mismo y a su gusto por los intertitulos, introduce uno en el que pone: Tres minutos después.

Al volver a la secuencia vemos a Louis follandose por detrás a Melanie, que no da la sensación de estar disfrutando mucho, desde luego. Por otro lado, ése es un rasgo esencial del personaje, esta siempre tan colocada que apenas es capaz de disfrutar realmente de nada de lo que hace. Y con esto no digo que tenga que disfrutar el patético polvo que echa con Louis, desde luego. Esta secuencia, cincelada con un poco de humor, sigue ahondando en la idea central de decadencia que tiene la película.

En contraste con esta secuencia, ejemplo del grado más decadente del “acto amoroso”, vemos a Max comprando un disco de los “The Delfonics”, el amor que siente por Jackie le ha rejuvenecido hasta tal punto, que llega a comportarse como un quinceañero enamorado.

Mientras tanto, Ordell se reúne con Jackie. Ella le cuenta lo que les ha dicho a los policías. Lo que nos parecía una traición resulta ser algo pactado. Jackie, que está jugando a dos bandas, le explica a Ordell el plan. Jackie planea traer todo el dinero de Ordell, 500.000 dólares, en dos viajes. A cambio ella exige quedarse con el 10%.

Después del polvo, Melanie intenta convencer a Louis para jugársela a Ordell y quedarse con todo el dinero. Louis, no se muestra muy convencido. Él todavía tiene reglas y un código de honor. Tanto es así, que no duda en contarle los planes de Melanie a Ordell.

La trama se va complicando por momentos, y los intereses de uno chocan con los de los otros. Tarantino va preparando el terreno para el juego de trileros en el que terminará convirtiéndose la película.

Al llegar a casa, Jackie escucha en el contestador un mensaje tan patético como entrañable, en el que Max la deja todos sus números de contacto y le explica todas las formas que se le ocurren para que Jackie pueda ponerse en contacto con él. Lo dicho, un quinceañero enamorado.

Más adelante, Jackie, al encontrarse con Max por casualidad en el centro comercial, intentará sonsacarle para saber si él, viéndose en la misma situación que se ve ella, sería capaz de quedarse con el dinero. Max no contesta, pero durante la conversación si que deja caer que está deseando dejar su trabajo. Jackie, muy astutamente, utiliza los sentimientos de Max en su beneficio para conseguir ayuda.

Tras la primera entrega comprobamos que Max ha decidido ayudar a Jackie a quedarse con el dinero.

Llegado el momento del segundo y definitivo viaje, en el que Jackie se juega el tipo y la posibilidad de conseguir 500.000 dólares. Es en el clímax de la película cuando ésta se llena de letreros con la hora, y Tarantino muestra la misma acción desde varios puntos de vista, homenajeando a Kubrick o Kurosawa, por citar a dos de los directores que han usado este método a lo largo de la historia.

Del clímax destaca ése breve momento de intimidad de Jackie en el probador, mientras espera la llegada de Melanie para recoger la bolsa. El instante en el que Jackie se mira en el espejo, resume toda su existencia hasta ése momento, y el terrible final de la misma si algo falla.

Finalmente, Jackie le da el cambiazo a Melanie, que ha ido acompañada de Louis a recoger el encargo, y que no llegará al coche porque Louis, harto de aguantar las burlas de la joven sobre su inoperancia, decide demostrarle a la chica que pese a que ha cambiado, sigue siendo capaz de matar a una persona sin pestañear. El momento del asesinato es tan frío, tan repentino, como clarificador del tipo de película que estamos viendo. Una película que poco tiene que ver en su tratamiento de la violencia con “Pulp fiction”.

Esta forma de matar volveremos a encontrarla más tarde, cuando Ordell mate a Louis en la furgoneta, precisamente por su inoperancia, tras darse cuenta del cambiazo. Ordell sabe que ha sido Jackie. Va a matarla en cuanto pueda.

La policía interroga a Jackie, que aguanta el tipo y ve como su coartada resulta reforzada por los inesperados asesinatos de Melanie y Louis.

Al final de la película, cuando Ordell acepta reunirse con Jackie en el despacho de Max, vemos como Jackie se prepara para matar a Jules. Es revelador que Jackie apague todas las luces del despacho, justo lo mismo que hizo Ordell cuando intentó matarla en su casa. Pero Jackie, una vez más, demuestra ser más lista que nadie, y se sirve de la propia policía para que sean ellos los que maten a Ordell. Es una jugada maestra.

Cuando todo ha pasado, Jackie se despide de Max, y le asegura que no le ha utilizado. A Max parece no importarle si lo ha hecho o no. Él ha disfrutado estando enamorado de ella, y para él, eso es lo que cuenta.

Normalmente., en las películas de cine negro, las historias de amor no suelen terminar bien. Esta, podemos decir que no termina mal, por el simple hecho de que ni siquiera tuvo tiempo de empezar.

 

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Acerca de Carlos Rubio Recio
Nací en Móstoles en 1985, aunque he vivido toda mi vida en Alcorcón, Madrid. Mis primeros años de estudio los hice en un colegio de monjas, después pasé a uno de curas, al que también iba mi hermano mayor, y finalmente terminé el bachillerato en un instituto laico. Desde que recuerdo, el cine y la literatura siempre han estado ahí, acompañando mis pasos. Terminado el Bachillerato entré a estudiar Filosofía en la Universidad Complutense, y al 2º año de carrera me matriculé en la Escuela de Cine de Alcorcón. Como suele pasar en estos casos, en la escuela hice grandes amigos con los que además, poder realizar proyectos. Uno de esos amigos es Daniel Andrés Pedrosa, con el que he colaborado en muchas ocasiones desde entonces, y con el que muy probablemente seguiré trabajando en el futuro. Después de la escuela de cine, entré a estudiar guión con Elisa Puerto en “La Piscifactoría”, y ahí sigo, ya voy por mi segundo año.

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