Instrucciones para construir espacio-tiempo

 

Coincide con otra persona en el espacio-tiempo.

Entra en su espacio, detén el tiempo.

Deletrea “cosmogónico” en su boca, y déjate llevar.

 

Notarás en tu lengua agujeros de gusano.

Atraviésalos, y podrás moldear el espacio.

 

Si una vez creado el nuevo espacio- tiempo,

No es el más habitable en el que has estado,

Busca a otra persona. Repite el proceso.

 

Un texto de Carlos Rubio Recio

 

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Altruismo

 

El suicida donó sus segundos.

Un texto de Carlos Rubio Recio

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El agüita

El hombre le acercó el vaso de agua a su hijo. El niño cogió el vaso con manos temblonas y comenzó a beber. Su respiración silbaba en el vaso a cada trago. Mientras bebía, el hombre le acarició el pelo, empapado en sudor.  Cuando terminó de beber, el niño devolvió el vaso a su padre y le miró con los ojos aún manchados de miedo. El hombre le secó con el dedo las mejillas.

-Acostúmbrate. Vivir antes de dormir, produce pesadillas.

Un texto de Carlos Rubio Recio

Botellas vacías

En su lápida siempre hay grafitis y botellas vacías. De todas las tumbas del cementerio, la suya es la favorita de los jóvenes para hacer botellón. La más solicitada en las noches de verano. Si no fuera por las pintadas, su lápida no destacaría especialmente entre las demás. Es muy sobria, tan funcional como el sello de un impreso. Un nombre y dos fechas demasiado próximas entre sí. Tan cercanas que al leerlas puedes imaginarte a sus padres en el entierro. Quizá sea eso lo que hace que los jóvenes prefieran ir a su tumba. Quizá piensan que él va a ser más comprensivo que los otros, que murieron siendo padres, abuelos. Lo cierto es que se ha ganado el cariño insolente y bravucón de los que le visitan con frecuencia. Más de una vez les he oído brindar en su nombre, llamarle colega, o imaginarle una vida y un motivo de muerte. Algunos opinan que se lo llevó por delante un accidente de coche o de moto. Otros creen que fue una sobredosis. Aunque siempre hay alguno que con tono repentinamente respetuoso, opina que fue cáncer, o algo de ese palo. Se me hace extraño oírles decir su nombre, para ellos siempre ha sido un muerto, y lo pronuncian con la neutralidad con la que se habla de un escritor del siglo de oro, de un conquistador, o de un rey medieval. No les culpo, desde que murió yo tampoco pronunció su nombre igual. Supongo que hay algo en nuestro nombre que muere con nosotros cuando nos vamos. Y a partir de ése momento, ninguna de las personas que nos amó vuelve a pronunciarlo como lo hacía antes. Si esos jóvenes que ahora pronuncian su nombre con camaradería burlona supieran lo que está pasando realmente mientras beben, lo que su amigo les está haciendo desde lo más profundo de su tumba, se alejarían corriendo y no volverían jamás. Pero ellos no sospechan nada. No saben que mientras beben y hablan, él les está robando toda la vida que cabe en sus manos, y se la va guardando en los bolsillos de su traje, que cada vez le deber quedar más holgado. Se va adueñando de pequeños ovillos de futuro con la ilusión de poder construirse un presente nuevo algún día, una vida más larga, o por lo menos una tan corta y tan intensa como la que tuvo. Yo sé que ese es su plan. Pero creo que nadie más lo sabe. Porque la gente no suele fijarse en los detalles. Nadie se da cuenta de lo rápido que se marchitan las flores que llevan a su tumba, como las arranca la vida en cuanto las posan encima. Nadie se fija en que los gatos la repelen, evitan pasar junto a ella, y si alguno pasa más confiado, aún adormilado por la siesta, no tarda mucho en echar correr, como si hubiera notado una mano que se posa fría sobre su espalda y le palpa las vidas que le quedan. Yo sé que a mí también me roba el tiempo, quizá con más qué vergüenza que al resto, pero lo hace. Y no me importa que lo haga, mi tiempo es suyo, y puede coger cuanto quiera. Muchas veces paso la tarde entera junto a su tumba, leyéndole un libro, o contándole lo que me ha pasado, lo que me preocupa, como continúa la vida sin él, y al marcharme puedo notar el cansancio, y siempre pienso en el tiempo que me habrá quitado, y suplico para que haya sido mucho, para que pueda volver a la vida cuanto antes. Apenas me dio tiempo a quererle. Se bebió la vida de un trago y se marchó sin esperarme. Ahora yo intentó terminar mi copa, pero soy incapaz de bebérmela de un trago, aunque lo he intentado. Así que me la voy bebiendo poco a poco, a pequeños sorbos, porque desde que él se  fue, el licor se ha vuelto tan amargo que apenas puedo mojarme los labios.

Un texto de Carlos Rubio Recio

El exorcismo

Este mes de marzo, Pablo Fresno y yo volvemos a Microteatro. Durante todo el mes de marzo, todos los viernes y sábados, a partir de las 23:30h a 00:45, en la SALA 1, se va a representar “EL EXORCISMO”. Una función muy intensa, que creo que no va a dejar indiferente a nadie. En los papeles protagonistas, dos ACTORAZOS (Así, con mayúsculas): Vicente Navarro y Elsa Pinilla. Aquí os dejo con el cartel que nos ha hecho Quique Sanz.

El exorcismo

La mirada

Aquí os dejo un pequeño aperitivo de la entrada que he escrito para el blog de “acciónfilmica”. El resto lo podeís leer siguiendo el enlace. Espero que os guste….

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Si eres actor, escritor, director de cine, pintor, fotógrafo, músico, escultor, en definitiva, si te dedicas a una profesión creativa, es probable que te hayan echado “la mirada”, y si lo han hecho, sabes de lo que hablo.

Quizá todo empieza cuando eres pequeño y te preguntan qué quieres ser de mayor. Al principio, a la gente, a tus padres, cualquier respuesta que des les parece bien, les hace gracia, les provoca una sonrisa. Lo malo es cuando pasan los años, y tú sigues respondiendo lo mismo. Entonces deja de hacerles tanta gracia. Y se empiezan a preocupar.

Yo de pequeño quería ser actor. Supongo que porque deseaba con todas mis fuerzas formar parte de las películas, jugar a ser otro, ayudar a Batman a salvar Gotham, montar a lomos de Fuyur y recorrer el País de Nunca Jamás, ganar al Jumanji. Quería formar parte de eso, y la forma más evidente, y quizá la más vistosa de hacerlo, era ser actor.

http://accionfilmica.wordpress.com/2013/02/13/la-mirada/

 

Tú y yo

Cariño, me he dado cuenta que yo soy más yo, cuando no estás tú. Pero tú necesitas ese yo, que no soy yo, para poder ser tú. Porque solo cuando yo dejo de ser yo, tú eres tú. Lo malo es que entonces yo no soy yo. Así que lo mejor es que rompamos. Tú tienes que encontrar tu propio yo. Y yo tengo que volver a ser yo. Porque si no, ni tú ni yo vamos a ser felices. Y tú te lo mereces. Y yo también.

tu y yo

Un texto de Carlos Rubio Recio