El aleteo de un pájaro de neón.
abril 17, 2012 Deja un comentario
Ya queda poco, muy pronto escucharéis “El aleteo de un pájaro de neón”…
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Ya queda poco, muy pronto escucharéis “El aleteo de un pájaro de neón”…
febrero 4, 2012 Deja un comentario
En la entrega de los Oscar de ese año, “El silencio”, una película independiente, fue la gran vencedora de la noche. La cinta se llevó cuatro premios: mejor montaje, mejor guion, mejor director y mejor película. De ésa manera, Jasper Triznack, el joven director y guionista de la cinta, con apenas veintiocho años, selló con su debut su pase definitivo a Hollywood. La película contaba la historia real de Trevor Robertson, un asesino en serie mudo que había causado el pánico durante una década matando a jóvenes cantantes de bar. La película había sido muy elogiada por la critica desde su estreno, y en taquilla no le había ido nada mal. Sus puntos fuertes eran la construcción psicológica del personaje y un pulso narrativo muy firme, que mantenía en constante tensión al espectador. Como ganador de dos premios de la academia, Jasper subió en dos ocasiones al escenario para recoger su estatuilla y dedicar el premio a quién creyó oportuno. Cuando subió a recoger el premio al mejor guion, Jasper se lo dedicó a su novia, Lillan, “su faro y su compañera”, a sus padres, “que creyeron en él cuando ni él mismo creía”, a Billy Francis, “su amigo y profesor de guion, su maestro”, y a su productor, Ryan Dismert, “por su maravilloso dinero”. Este último comentario provocó las risas y aplausos con las que Jasper se despidió del escenario. Al subir a recoger su premio al mejor director, Jasper sacó un pequeño papel de su bolsillo y se dirigió a los asistentes con gesto muy serio. “Me gustaría dedicar este premio a Milla Grissman, Lucy Morenson, Anna Dasnet, Julia Stratson, Gloria Moreno, Rachel Farris, Susanne Martins, Olga Tranned, y María Santos. Estéis donde estéis, esto es para vosotras.” Jasper levantó su Oscar en alto, apuntando al cielo, y se quedó unos segundos en el escenario, recibiendo los aplausos de toda la industria.
Justo en ése momento, al otro lado del país, Trevor Robertson escuchaba ésos aplausos desde su celda. Trevor sentía tanta rabia que por poco revienta la radio a puñetazos. Jasper no le había nombrado ni una sola vez. Era un cabrón. Un maldito desagradecido. Al fin y al cabo, pensó Trevor, si yo no hubiera hecho lo que hice, él no tendría su maldita película.
Un texto de Carlos Rubio Recio
enero 19, 2012 Deja un comentario
Alberto ha hecho pellas. Tenía clase de economía a última hora. Demasiado para él. Ha preferido pasarse por la Fnac y echar un vistazo. Puede que caiga la última de Scorsese, tal vez algún disco. Mientras pasea por la zona de películas suena de fondo un disco de Madonna, otro recopilatorio. Alberto nota que le vibra el bolsillo. Al sacar el móvil, ve que le está llamando Nico, mal rollo. Alberto contesta. Nico balbucea su nombre. No hace falta más. Ha pasado lo peor. El padre de Nico ha muerto. El pronóstico era chungo. No tenían muchas esperanzas. Había tenido un accidente de coche. Llevaba toda la semana doblando. Se durmió al volante. Aún no han repuesto la farola. Alberto le dice a su colega que lo siente y poco más. Qué más va a decir. Nico le cuenta que su padre se murió por la mañana, pero que no ha sido capaz de llamarle hasta ahora, en realidad no sabía si quería hablar con él, si quería hablar con alguien. Alberto le dice que lo entiende, que es normal. Mientras hablan, Alberto deambula por el centro comercial. Está incomodo. La mano se le va a las películas, por tocar algo, más que nada. La gente pasa junto a él mirando precios. Nico no sabe como decírselo a su hermano. Nadie lo sabe. Siete años. Menuda putada. Los dos amigos siguen hablando, espantando silencios. Están en medio de uno, escuchándose respirar, cuando Alberto cae, “Hung up”, de Madonna, va por la mitad. Se siente fatal. Cuando Nico se calla él solo escucha hospital. Le parece una falta de respeto de la hostia. Alberto se aleja rápidamente de la zona de películas y se dirige a las escaleras mecánicas. Alberto le dice a Nico que tardará una hora en llegar al hospital. Nico le dice que no hace falta que vaya, si está liado. Alberto le dice a su amigo que le ve en un rato y cuelga el teléfono. Camino del metro, Alberto piensa en su amigo y en la llamada. Nico le ha llamado para decirle que su padre ha muerto mientras el miraba películas y escuchaba a Madonna. Este mundo no mola nada, piensa Alberto. Puto móvil. Puta Madonna. Puto Fnac. Puta muerte.
Un texto de Carlos Rubio Recio
enero 4, 2012 Deja un comentario
Aunque todavia queda más de un mes para los oscar, ya ha empezado el “run run” y la gente ya hace sus quinielas. Así que me ha parecido una buena excusa para hacer mi particular “top ten” de las canciones originales que a lo largo de la historia se han llevado la estatuilla. Como siempre pasa con las listas, llaman más la atención las canciones que no están, que las que están…
diciembre 20, 2011 Deja un comentario
¿Cuántas cosas se pueden contar en una secuencia, en una escena, en un plano? Pues dependiendo de la película y del director, mucho. Este es el primer post dedicado a rastrear y analizar algunas de las mejores secuencias de la historia del cine e intentar desentrañar, aunque solo sea un poco, la construcción interna de ésas inolvidables secuencias.
La escena que os pongo a continuación es la secuencia de apertura de Rio Bravo, uno de los grandes cásicos del westerm.
¿Qué ocurre en la secuencia?
Dude, interpretado por Dean Martín, entra en un bar por la puerta de atrás. Su aspecto es desaliñado y sucio, va sin lavar ni afeitar y su chaqueta está rota. Dude echa un vistazo al bar, que está lleno de gente que habla y bebe sin notar su presencia. Dude echa a caminar y mira a la gente beber con evidente envidia. Dude parece desesperado por beber un trago, pero como vemos por su aspecto, no tiene dinero para costearse uno.
Dude se detiene junto a una columna, al lado de la escupidera, y mira hacia la barra del bar. En la barra vemos a Nathan Burdette, interpretado por John Rusell, que acaba de abrir una botella y se dispone a servirse un vaso. Dude observa desesperado y sediento, como Nathan se sirve el vaso. Nathan se da cuenta de cómo le mira Dude, y le hace un gesto con el vaso, preguntándole si quiere uno. Dude, por supuesto, dice que sí. Nathan saca una moneda de su bolsillo y la lanza a la escupidera. La moneda cae dentro. Si Dude quiere beber, tendrá que humillarse, y sacarla con la mano. Dude se lo piensa, pero su desesperación puede más que su orgullo, y se agacha dispuesto a buscar la moneda.
Justo cuando va a meter la mano, aparecen unas botas y le dan una patada al recipiente. Son las botas de Chance, el sheriff, encarnado por John Wayne. Chance mira a Dude decepcionado. Dude le mira completamente humillado.
Chance mira a Nathan y va a su encuentro, pero Dude, lleno de rabia, coge un palo y golpea a Chance en la cabeza. Nathan se sonríe, divertido con el espectáculo. Dude intenta lanzarse hacía él para golpearle con el palo, pero dos secuaces de Nathan le agarran a tiempo y le sujetan para que Nathan pueda darle varios puñetazos a placer.
Cuando Nathan ya le ha dado varios golpes y se dispone a darle otro más, un hombre aparece y le sujeta el brazo pidiéndole que pare. Nathan desenfunda su revólver y dispara al hombre. El hombre cae desplomado al suelo, y Nathan sale del bar sin que nadie se atreva a decirle nada.
De camino a otro bar, Nathan se cruza con algunos transeúntes, con los que se muestra irrespetuoso y altanero.
Nathan entra en otro bar y pide una copa. No le han servido la copa cuando Chance entra con una brecha en la cabeza y apuntado con su rifle. Chance le dice a Nathan que está detenido por el asesinato que acaba de cometer. Un hombre que está detrás de Chance saca su revólver y le apunta por la espalda.
Afortunadamente, Dude, que acaba de entrar en el local, logra robarle el revólver a un hombre. Dude dispara y desarma al hombre que apuntaba a Chance. Nathan intenta escapar, pero Chance le golpea con su rifle en la cabeza y le deja inconsciente. Chance y Dude cogen el cuerpo y lo arrastran fuera del bar.
¿Por qué me gusta la secuencia?
La secuencia me gusta porque es capaz de dar muchísima información sobre los personajes en muy poco tiempo y sin usar demasiados planos.
Nada más ver entrar a Dean Martín por la puerta de atrás, sabemos que a Dude, el personaje que interpreta, las cosas no le han ido nada bien, que no tiene dinero, y que ha perdido la confianza en sí mismo. Al ver como se le va la vista a las copas que beben los clientes del bar, sabemos que es un alcohólico y que tiene el síndrome de abstinencia.
Al presentarnos a Nathan, al director le basta con mostrarnos al personaje tirando el tapón de una botella, las mirada que le echa el camarero, harto pero sin atreverse a decirle nada, y el juego cruel que entabla con Dude, a sabiendas de que está desesperado por beber, para que sepamos que es una mala persona.
Cuando Nathan echa la moneda a la escupidera y Dude se agacha a recogerla, nos quedan claras dos cosas; Nathan es un ser despreciable, y Dude ha perdido toda su dignidad, ha tocado fondo
Y nada más darnos ésa información, la aparición de Chance, John Wayne, dándole una patada a la escupidera y mirando de la manera que mira a Dude, reprendiéndole, lleno de decepción, nos indica que esos dos hombres han sido muy amigos, y que pese a que sus caminos se hayan separado, Chance no va a permitir que su amigo se humille así. De lo contrario no hay otra explicación para que el sheriff de una patada a la escupidera, si no conociera a Dude, o si no le importará, le daría igual que metiera la mano dentro y que se la llenará de escupitajos por una mísera moneda.
Es por eso que nada más dar la patada busca encararse con Nathan, y es por éste gesto por el cual Dude recupera su orgullo y golpea a Chance y después intenta hacer lo mismo con Nathan, porque son las dos personas que le acaban de humillar.
A partir de ahí, Nathan se nos sigue mostrando como un ser sin escrúpulos, que no duda en pegar a Dude mientras otros dos le sujetan, ni en matar a un hombre a sangre fría solo porque le ha cogido del brazo para que abandone la paliza. No le importa nada. Y después de todo eso, lo único que hace es irse a otro bar a seguir bebiendo.
Ya en la escena final de la secuencia, el director remarca las primeras impresiones que nos han causado los personajes. Chance es el hombre justo y de moral inquebrantable, y Dude, el amigo fiel del sheriff, que busca redimirse con su ayuda.
Aparte de toda la información que nos da sobre los personajes, me gusta mucho el ritmo de la secuencia, que resulta muy fluido, y la manera con la qué consigue dar dinamismo al plano jugando con las miradas entre personajes.
Gramática de la secuencia
P. M – Dude entrando en la cantina y mirando el ambiente.
P. G- Vemos el ambiente de la cantina. Al fondo vemos a Burdette. Si nos fijamos en Burdette, es porque la composición del plano hace que la mirada del espectador se pose en él. Primero porque los figurantes forman pequeños grupos, y Nathan Burdette es el único que está solo. Además, si trazamos dos líneas imaginarias desde las mesas que hay en primer termino a izquierda y derecha del plano, veremos como se forma un triangulo cuya punta es Burdette. Todo apunta a él.
P. AMERICANO con Panorámica que acaba en un P. G- Dude se mueve hacia la derecha y observa con envidia a la gente bebiendo. Dude acaba junto a la columna donde está la escupidera y se detiene. Dude mira al frente. En esta panorámica empezamos a ver la manera de crear dinamismo dentro del plano de Hawks. El director juega con las miradas y con los movimientos que se cruzan. Como por ejemplo, cuando el hombre sube su vaso para beber, la mirada de Dude baja, y luego cuando Dude va hacia la derecha del plano, se cruza con la camarera que va hacia la izquierda con los vasos, y Dude sigue los vasos con la mirada.
P. M- Vemos a Burdette abrir una botella y servirse un trago. Seguimos con los juegos de miradas. En este caso es el camarero el que mira a Burdette después de que éste haya tirado el tapón de la botella.
P. M- Dude se lleva la mano a la boca mira a Burdette.
P. M- Burdette te da cuenta de que Dude le está mirando.
P. P. ABIERTO- Dude está desesperado por beber y no aparta la mirada de Burdette.
P. MEDIO- Burdette entiende que Dude quiere beber y le hace un gesto con el vaso. Volvemos al juego de miradas y al triangulo. Los dos camareros, que están detrás de Burdette, uno a cada lado, le miran fijamente, mientras Burdette, por su parte, mira a Dude, fuera de plano. De nuevo Burdette es la punta del triangulo y el centro de atención absoluto. Antes de cambiar de plano, la camarera mira al camarero y después vuelve a Burdette. Las miradas adquieren la importancia de un movimiento dentro del plano, es una puesta en escena basada en las miradas.
P.P- Dude asiente.
P.M- Burdette saca una moneda de su bolsillo y la tira hacia Dude.
INSERTO- P. P. D. ESCUPIDERA- La moneda entra en la escupidera.
P. AMERICANO- Dude mira a la escupidera y luego a Burdette.
P. MEDIO- Burdette sonríe.
P. AMERICANO que acaba en P. MEDIO – Dude se agacha despacio. Dude va a coger la moneda, pero aparecen unas piernas y le dan una patada a la escupidera.
P. CONTRAPICADO- Chance mira despectivo a Dude. El plano remarca la superioridad moral de Chance respecto a Dude.
P. PICADO- Dude mira a Chance sorprendido y abochornado. El plano tiene el efecto contrario del anterior, aquí lo que interesa es mostrar el nivel de humillación de Dude.
P. MEDIO- Chance mira a Burdette.
P. MEDIO- Burdette mira a Chance.
P. AMERICANO- Chance comienza a acercarse a Burdette. Dude busca algo que pueda servirle de arma. Dude coge un palo y golpea a Chance en la cabeza. Chance cae al suelo. Es muy representativo que tras golpear a Chance, Dude quedé exactamente en el mismo lugar que ocupaba Chance. Implica que Dude, en ése preciso instante, ha dejado de ser el hombre sin dignidad que era al entrar, y ha vuelto a ser la persona que era en el pasado.
P. MEDIO- Burdette sonríe.
P. AMERICANO y al acercarse P. M- Dude intenta golpear a Burdette con el palo. Dos hombres le detienen y le sujetan.
P. M. LATERAL que se convierte en P. MEDIO FRONTAL – Burdette va hacia Dude. Burdette golpea a Dude varias veces. Cuando Burdette va a golpear a Dude otra vez, alguien entra en cuadro y le agarra del brazo. Esta es la primera vez que Burdette y Dude comparten plano. Durante toda la secuencia hemos visto un plano contraplano, pero es ahora cuando los dos están a la vez en el mismo plano. Puede que sea porque es ahora, cuando Dude está al mismo nivel que Nathan.
INSERTO- P. D. REVÓLVER- Burdette desenfunda su revólver.
P. M. CERRADO- Burdette dispara.
P. MEDIO ABIERTO- El hombre se desploma en el suelo. Burdette te encamina hacia la salida.
P. G- Burdette sale por la puerta principal. Todo el mundo se aparta a su paso.
P. AMERICANO- Burdette camina por la calle cruzándose con algunos transeúntes.
P- G- Burdette entra en otro bar. Que está a la izquierda del plano.
P. AMERICANO- Burdette entra en el bar y se dirige a la barra. De nuevo a la izquierda.
P. AMERICANO que se transforma en un P. M- Burdette se apoya en la barra. Un ruido hace que se gire.
P. G- Chance entra en el bar apuntando a Burdette con su rifle. Burdette y Chance se enfrentan, pero alguien apunta a Chance por detrás.
P. M. ABIERTO- Burdette sonríe.
P. M. ABIERTO- Dos hombres están junto a la puerta. Dude se acerca por la espalda a uno y le roba el revólver. Dude está a la izquierda del plano porque todavía no se ha convertido en un hombre recto.
P. GENERAL- Dude dispara y le arranca el revólver al hombre que apuntaba a Chance.
P. A- Dude apunta a los dos hombres. Dude sigue a la izquierda del plano.
P. A- Burdette intenta huir, pero Chance le golpea con su rifle y Burdette cae al suelo inconsciente.
P. A- Dude sigue apuntando a los dos hombres.
P. G- Chance y Dude cogen el cuerpo de Burdette y lo arrastran fuera del local.
Comentarios sobre la gramática de la secuencia
La importancia de estar en un lado o en otro:
Tras analizar la secuencia varias veces, me he dado cuenta de la importancia que tiene, a la hora de definir el carácter de los personajes, el lado de la pantalla donde se encuentren, y hacia dónde van los personajes cuando se mueven. Así, he establecido que el lado derecho de la pantalla, le suele corresponder a los hombres justos y de moralidad intachable, y el lado izquierdo, a los que se hayan perdidos, o son criminales.
Tras haber establecido está diferenciación, y volviendo a ver la secuencia desde el principio, me doy cuenta de que Dude, el personaje de Dean Martín, lo primero que hace desde que entra en el bar, es caminar hacia la derecha del plano, pero jamás logra quedarse ahí, siempre se queda a la izquierda, ya sea más o menos centrado, pero nunca a la derecha. Esto me transmite lo siguiente; Dude no está a gusto consigo mismo, quiere cambiar, dejar de ser un marginado, volver a ser un hombre normal, como lo era antes, un hombre recto. Pero no puede, ya que siempre se queda a la izquierda, por más que se mueva, siempre acaba a la izquierda.
Curiosamente, al presentarnos a Nathan Burdette, nos lo presentan y lo mantienen muy centrado dentro del plano, cosa que en principio no casa con mi teoría, pero creo que hay una explicación para ello. Nathan sí que se encuentra a gusto consigo mismo, no está intranquilo ni quiere cambiar. Por eso al principio está en el centro. Pero como se verá más adelante, cuando sale del bar, es un hombre que tiende constantemente a la izquierda, al mal.
En cambio Chance, el personaje de John Wayne, se nos muestra desde su primera aparición, cuando impide que su amigo se humille aún más y le reprueba con la mirada, a la derecha del plano, y cuando se mueve, como cuando se va a enfrentar a Nathan, se mueve hacia la derecha del plano.
Es por eso que me resulta interesante ver como cuando Dude recupera su orgullo y golpea a Chance, por un momento ocupa su lugar y se acerca de la derecha del plano, y se queda en el centro, un poco más cerca de su objetivo, la derecha.
Después, cuando Nathan está golpeando a Dude, el hombre que sale a defenderlo, el único de todo el bar que se enfrenta a Burdette, es un hombre que sale de la derecha del plano, que se mantiene en la derecha, y que muere y desaparece por la derecha del plano. En definitiva, un hombre justo.
Y es inmediatamente después de matar a un hombre justo, cuando Nathan sale del bar yéndose por la izquierda, y ya en la calle, va hacía la izquierda cruzándose con algunas personas, que parecen ciudadanos normales, y que van hacía la derecha. Burdette, en cambio, va a contracorriente y entra en el bar, que está a la izquierda, y va a la barra, que está a la izquierda del plano.
Momentos después entra Chance, el representante de la ley, que se queda a la derecha del plano.
Curiosamente, el hombre que tiene detrás, y que acabará apuntándole por la espalda, también está a la izquierda del plano, y de Chance.
Después aparecerá Dude en el bar, detrás de dos hombres. Dude aparece a la izquierda del plano, ya que todavía “no se ha ganado las alas”. Pero como podemos observar, después de ayudar a Chance y haber vencido a Burdette, cuando los dos hombres se llevan el cuerpo de Nathan arrastras, Chance está en el centro de la pantalla, y Dude, por fin, se ha ganado el derecho de estar a la derecha. Dude ha empezado su recuperación, ya empieza a ser el que era.
Las figuras y los personajes enmarcados:
También es interesante ver las figuras que forman los personajes dentro del plano y cómo queda siempre enmarcados por uno u otro elemento.
La figura que más se repite en los planos es el triangulo. Ya sea formado por varios grupos, o solo por tres personas, se pueden encontrar varios a lo largo de la secuencia, y habitualmente la “punta de flecha” suele ser uno de los personajes protagonistas, para que sea en él donde recaiga toda la atención del espectador.
Aparte de eso, es importante fijarse en que los personajes siempre suelen quedar enmarcados, o dentro de algo. Ya sea entre dos columnas, dos personas, o el marco de una puerta, pero la sensación de que están continuamente entre dos elementos, es constante.
Las direcciones del plano:
En general, he podido observar, que la dirección del plano suele tender hacia el centro, y aunque los personajes se muevan mucho dentro del plano, y vayan a la derecha o a la izquierda, esos movimientos sus desplazamientos, suelen acabar siempre en el centro, ya sea más a la izquierda o a la derecha. Así mismo, la relación de movimientos entre los planos, o dentro del mismo plano, suele ser de choque, de confrontación, un individuo va hacia la derecha y el otro hacia la izquierda, uno mira hacia arriba, y el otro hacia abajo, no suelen coincidir en la misma dirección, solo al final de la secuencia, cuando Chance y Dude se han reconciliado.
diciembre 17, 2011 Deja un comentario
Este es el primero de, auguro, varios post, sobre la relación entre la publicidad y el cine.
Para empezar, me gustaría destacar la interesante campaña publicitaria que lleva desarrollando “Dior” desde hace algún tiempo.
La campaña está protagonizada por la gran Marion Cotillard, magnifica actriz, ganadora de un oscar por su impecable interpretación de Edith Piaf en “La vida en rosa”, y uno de los rostros más bellos del cine mundial.
Y si, me encanta está actriz.
Básicamente la campaña consiste en una serie cortometrajes y un videoclip. A ver qué os parecen…
diciembre 8, 2011 1 comentario
Hace un par de años, cuando estudiaba en la escuela de cine, hice un trabajo sobre Quentin Tarantino. Para ello, aparte de leerme un par de biografías y varios libros donde se analizaba su filmografía, me vi todas sus películas libreta en mano. Es decir, las analicé y apunté todo lo que me llamó la atención o me pareció relevante. Recuerdo que mientras las analizaba tenía la sensación de que estaba pasando por alto cientos de homenajes de Tarantino a otras películas; películas americanas, chinas, japonesas, italianas, francesas…películas que yo jamás he visto y de las que Tarantino conoce hasta el nombre de cada script…
El caso es que, a medida que iba viendo las películas de su filmografía, me di cuenta de algo, que es “La teoría del vatér”.
Básicamente, de lo que me di cuenta al ver las películas de Tarantino, es que los cuartos de baño, son utilizados en sus películas como lugar de reflexión y anuncio de cambios, por lo general dramáticos y violentos. Cuando un personaje va al baño en una película de Tarantino, sabes que algo está a punto de pasar.
Aquí os pongo algunos ejemplos. Cuidado con los spoilers…
En amor a quemarropa ( Escrita por Tarantino);
• Clarence (Christian Slater) ya se ha casado con Alabama (Patricia Arquette). Cuando se están haciendo unos tatuajes, Alabama le habla de Drexl (Gary Oldman), su chulo. Alabama le cuenta a su marido que Drexl le dio una paliza. Después de ésa revelación y de la presentación de Drexl robando un maletín de coca, vemos a Clarence encerrado en el cuarto de baño, hablando con la imagen de su conciencia, un Elvis Presley con traje dorado. Elvis le aconseja a Clarence que vaya a vengar a Alabama al local de Drexl. Clarecence decide hacer caso a su mentor y acude al local a recoger las pertenencias de Alabama y enfrentarse a su chulo. A raíz de ésa decisión, Clarence mata a Drexl y huye con el maletin lleno de Coca, el “macguffin” de la película.
• Más avanzada la película, cuando Alabama se enfrenta en la habitación del hotel a uno de los matones que persiguen el maletín, parte de la paliza que recibe, es en el cuarto de baño.
• Al final de la película, cuando se va a realizar el intercambio en la habitación del productor, justo antes de que tenga lugar el famoso tiroteo, Clarence vuelve a ir al baño y vuelve a dialogar con su conciencia. Cuando Clarence sale del baño, se encuentra con el tiroteo.
En reservoir dogs (Escrita y dirigida por Tarantino):
• En la anécdota que cuenta el señor naranja (Tim Roth) para ganarse la confianza de la banda, se cuenta la historia de como un tipo que trapichea con droga se encuentra en unos servicios públicos con varios policías y su pastor alemán. Como la historia en realidad es inventada, no afecta demasiado a la trama, pero es curioso ver cómo Tarantino ambienta ésa situación en unos servicios públicos.
En Pulp Fiction (Escrita y dirigida por Tarantino):
En cuanto a la teoría del vatér se refiere, ésta película es la madre del cordero.
• Al principio de la película, o al final, como se prefiera, justo antes de que Pumpkim (Tim Roth) y Honey Bunny (Amanda Plummer) atraquen la cafetería, Vincent Vega (John Travolta) va al baño después de pronunciar su famoso, “Voy a cagar”.
• Más adelante, cuando Vincent está en la casa de Mía Wallace (Uma Thurman), mientras ella se mete una raya de heroína que está a punto de matarla, él está en el cuarto de baño convenciéndose a sí mismo de lo que debe hacer, tomarse una copa e irse a casa, no complicarse la vida. Al salir del baño, Vincent se encuentra a Mía inconsciente y moribunda.
• Vincent de nuevo, será el que sufra en sus carnes la maldición del cuarto de baño, cuando Butch (Bruce Willis) le mata de un disparo al encontrarlo en el cuarto de baño de su casa.
• Por último, cuando Jules (Samuel L. Jackson) y Vincent matan a los chicos que han robado el maletín de Marsellus, Tarantino nos muestra la parte de la escena que no habíamos visto antes, y que nos descubre lo mal que lo pasa uno de los chicos, que está escondido en el cuarto de baño y que escucha el celebre monologo de Jules y el posterior tiroteo. Después el chico sale y vacía su pistola. Lo malo para él, es que no acierta ni un disparo y acaba tiroteado.
En Kill Bill 2 (Escrita y dirigida por Tarantino):
• Beatriz (Uma Thurman), se entera de que está embarazada en un cuarto de baño. Inmediatamente después, llaman a la puerta de su habitación de hotel e intentan matarla.
• Finalmente, el último plano de la película, también se desarrolla en un cuarto de baño, aunque en este caso, creo que es un cambio positivo, una catarsis, y uno de los momentos más emotivos de la filmografía de Tarantino, cuando vemos a Beatriz llorando porque por fin, ha recuperado a su hija.
En Malditos Bastardos (Escrita y dirigida por Tarantino):
• Por último, en Malditos Bastardos, cuando Donovitz (Tim Roth) y su colega van a cargarse a Hitler, se preparan en el cuarto de baño del cine.
Así que ya sabéis, cuando veáis a un personaje de Tarantino en el cuarto de baño, agarraros que vienen curvas…
diciembre 6, 2011 Deja un comentario
Stanley Kubrick es uno de mis directores favoritos. Cada una de sus películas desde “Atraco perfecto” me parecen obras maestras absolutas.
Aparte de por ser uno de los genios más grandes del séptimo arte, Kubrick siempre ha llamado la atención por su misteriosa figura, por su poco gusto a las apariciones públicas y la distancia cada vez más creciente entre el estreno de una película y la siguiente. Todo esto, por supuesto, ha sido un campo abonado para la prensa amarilla y la que no lo es tanto. Se han inventado muchas historias sobre Kubrick, se ha dicho mucho, pero siempre queda la sensación de que todavía hay muchos secretos por ser revelados.
Dos de las teorías conspiranoicas que gozan de más vida por la red son las siguientes:
-La primera: El hombre no fue realmente a la luna, fue todo un montaje de los Estados Unidos, que ayudados por Stanley Kubrick, realizaron el engaño más grande dela historia. Hay un falso documental,” El lado oscuro de la luna”, excelente, sobre el tema. Muchos dicen que en realidad no es un falso documental, que lo han vestido así para despistar. Ya se sabe, si quieres ocultar algo, ponlo a la vista de todos…
- La segunda: Stanley Kubrick era un illuminati, o al menos tenía altos conocimientos de sus rituales.
Según los que mantienen estas ideas, las películas de Stanley Kubrick estarían plagadas de referencias a los illuminati, sobre todo “2001″ y “Eyes wide shut”. Además, sostienen que el Resplandor habría sido utilizada por Kubrick para lanzar un mensaje oculto: “Yo estuve detrás del Apollo 11″. Hay varias páginas dedicadas a demostrar estas teorías por Internet.
No voy a entrar a opinar cuán ciertas son para mi estas teorías, pero debo reconocer que si es cierto que en la filmografía de Kubrick, que recordemos, no ponía nada en escena que no tuviera significado para él, abundan símbolos, números, objetos que hacen que tengas la sensación permanente de que solo te estás enterando de la mitad, que por mucho que lo intentes, nunca vas a llegar realmente a ver el todo fondo que contienen sus películas.
Uno de los investigadores, analistas, conspiranoico, como lo queráis llamar, que más repercusión ha tenido, es Jay Weidner y su análisis en clave illuminati de 2001, una odisea del espacio.
2001 es una de las películas más crípticas de Kubrick. Aún hoy la gente se pregunta y debate sobre el significado del monolito. ¿Es Dios? ¿Es un objeto enviado por los alienígenas?
He leído muchos libros sobre Kubrick, críticas y análisis de la película, y he de reconocer, que el análisis de la película que hace Weidner me merece todos los respetos. Más allá de sus teorías, me parece un análisis cinematográfico de la película realmente interesante.
Aquí os dejo el enlace a su página:
http://www.jayweidner.com/sp-kubrick.htm
diciembre 5, 2011 Deja un comentario
El escritor vuelve a su casa. Ya se ha despejado un poco. El escritor saca su Moleskine del bolsillo y la deja sobre la mesa del salón. La ropa que se quitó hace un par de horas está doblada en una silla. El escritor vuelve a cambiarse. Se pone la camiseta de los Simpsons, la sudadera de los Lakers, los viejos vaqueros. Cuando termina, la silla sigue teniendo ropa, ahora quizá un poco más elegante. El escritor, ya más cómodo, va a la cocina, se sirve un poco de café en su taza favorita, la de la caricatura de Pessoa, y se la lleva al despacho.
El escritor entra en su despacho. Fitzgerald, Capote, Cortazár y Borges, le estudian desde la pared. Alrededor de ellos, un collage de mapas, paisajes, cuadros y fotos de otra época.
Mientras se enciende el ordenador, el escritor rebusca entre sus discos. Bach, Vertók, Mozart, Beethoven, Miles Davis, Jobim, Sinatra, Bobby Darin, Piaf, Aznavour, Aznavour…Aznavour.
El escritor pone el disco en la mini cadena, la música empieza a sonar. El escritor se sienta en su sillón de cuero. La pantalla del ordenador le pide un nombre. El escritor teclea “Cronopio” y pulsa enter.
Aparece el fondo de pantalla. Es una foto de Albert Camus fumándose un cigarro. Lleva las solapas del abrigo subidas. Parece Humprey Bogart.
El escritor pincha dos veces en un archivo de texto; “Las cuatro muertes de Eugenio Beltrán”. El archivo se abre y la pantalla se llena de un blanco limpio, intenso. La primera página es la de portada. El escritor se detiene unos segundos en ésa página. Le gusta como queda su nombre bajo el titulo. Después pasa a la segunda página. Sólo hay una frase. El escritor lee la frase y respira hondo.
El escritor coge una pequeña piedra lisa que tiene sobre la mesa, y empieza a trazar círculos sobre la superficie con el pulgar. Al principio muy despacio, suavemente. Después cada vez más rápido, con más intensidad.
FIN
Un texto de Carlos Rubio Recio.
diciembre 4, 2011 Deja un comentario
Más aliviada por la presencia de Irinio durante el viaje, satisfecha por como había resuelto la incomoda situación, Rania pudo dedicarse a disfrutar del día de fiesta y paladear el éxito de su hija casi como propio, ya que como la niña no estaba, todos los que querían felicitar a Narea, la felicitaban a ella.
Un buen trecho del viaje hacia Candúr se hizo en completo silencio. Narea no decía nada. Su mirada permanecía clavada al frente, como si quisiera atraer hacía ella el horizonte. Irinio y su hijo tampoco hablaban. Nunca habían sido de muchas palabras, pero la ocasión les resultaba tan extraña, que no sabían que hacer o qué decir.
No fue hasta llegar a un cruce de caminos, cuando Narea habló por primera vez. Visorio iba a coger el desvío habitual para llegar a Candúr, pero Narea le detuvo. Quería ir por el atajo del ciego. El padre y el hijo se miraron. Irinio expresó su desacuerdo. No le parecía seguro internarse en el bosque. “Obedece, es la tradición.” Respondió Narea sin dejar de mirar al frente.
Visorio miro a su padre, después cogió el desvío hacia el bosque. El silencio volvió a caer sobre ellos, esta vez con más peso.
Cuando Narea y sus dos acompañantes regresaron a Givenot, ya era noche cerrada. La mayoría de los vecinos se habían ido a sus casas, incluida Rania. Fue uno de los clientes de la taberna el primero que los vio llegar y se acercó a darles la bienvenida.
La niña y los dos hombres devolvieron el saludo y siguieron su camino hacia casa de Narea.
Visorio y su padre dejaron a Narea en la puerta de su casa y se marcharon en silencio.
Narea golpeó suavemente la puerta con los nudillos. Le abrió su madre, que la recibió con un largo abrazo y muchos besos. Estaba radiante de felicidad. Había sido un día maravilloso para ella.
Al entrar en la casa, Narea vio que su madre había puesto el ramo de flores en un jarrón del recibidor. Era lo primero que se veía nada más entrar.
Rania le preguntó a su hija por el viaje. Narea le contó que el viaje había sido muy tranquilo y que la ciudad le había parecido preciosa. Estaba satisfecha de su deseo, pero muy cansada. Su madre se mostró comprensiva y no entretuvo más a Narea, que se fue pronto a la cama.
Desde el momento de su regreso, las cosas entre Narea y su madre fueron a mejor. Narea se mostraba más cariñosa, más tranquila. Rania veía en su hija la gratitud a su insistencia. Aunque Narea no se lo dijera, haberla insistido tanto para que disputara la carrera, había tenido su recompensa. Las dos lo sabían, y eso las unía más.
Para Rania, la prueba más evidente de lo orgullosa que estaba Narea de haber ganado la carrera, era el escrupuloso mimo que ponía en la conservación del ramo.
Narea cambiaba el agua a las flores varias veces al día. Lo mismo hacía con la ubicación del jarrón, que variaba constantemente en función de la posición del sol y el ambiente de la casa. Rania veía a su hija tan preocupada por el ramo, que solía bromear con ella diciendo que ya comprarían otro cuando se casará, que por mucho que lo cuidará, ése no iba a llegar en buen estado.
El tiempo en la casa fue pasando con la placidez propia del verano. Sin más incidencias que un ligero constipado de Narea.
Un día, ya de noche, mientras Rania preparaba la cena, Narea cogió el ramo de la carrera, se acercó a su madre y se lo entregó haciendo una pequeña reverencia.
Rania aceptó el ramo, que ya estaba visiblemente marchito, y devolvió la reverencia siguiéndole el juego a su hija.
“Enhorabuena madre, va usted a ser abuela.” Dijo Narea.
FIN
Un texto de Carlos Rubio Recio.